El eterno Adán, una de la últimas obras de Julio Verne, fue publicado en 1910, dentro de la antologia Ayer y mañana, que recoge narraciones breves, escritas en diversas épocas de la vida del autor.
La obra de Verne, guarda una homogénea continuidad , evidenciada sobre todo por la serie Los Viajes Extraordinarios, que comienza con la obra Cinco semanas en globo y que se prolongarà durante más de 40 años, incluyendo obras de la talla de Viaje al centro de la tierra, Veinte mil legüas de viaje submarino o La vuelta al mundo en 80 días. Ellas forman el compendio más conocido de su producción literaria.
Son las obras que han forjado la imagen, hasta cierto punto estereotipada del Verne “profeta de la Ciencia”, o la del “genial anticipador” e incluso la del “educador de la juventud”. Un Verne imbuido de la dinàmica de su tiempo, con una visión sansimoniana de la sociedad, que hace que su obra se asiente en un optimismo utópico, y que considera el dominio de la Naturaleza mediante la Ciencia, como un vehículo que conducirá a la Humanidad por medio del progreso ilimitado, a una situación de estable felicidad.
No podemos olvidar que la obra de Verne, está estrechamente vinculada a su tiempo. Es la época de Darwin, Mendel, Pasteur y también de Graham Bell o T.A. Edison. Una época caracterizada por los avances científico-técnicos, en la que el industrialismo en ascensión, devoraba todas las rancias extructuras sociales . Cuando el capitalismo de la mano de la libre competencia, arrojaba a un mundo sin fronteras su versión más audaz y progresista.
Parecía que cualquier dificultad, por abrupta que fuese, no resistiría el empuje de esa utopía mecanicista, que acabaría estableciendo una barrera indeleble entre la comprensión y el dominio de la Naturaleza, por un hombre volcado más allá de su curiosidad universal y, del que la utopía verniana era fiel testigo.
El eterno Adán es otra cosa
Probablemente fueron los problemas en la vida del autor: un desdichado matrimonio, el progresivo alejamiento de su hijo, la enfermedad de su apreciado sobrino .., los que llevaron a Verne en el final de su vida literaria, a reformular el mensaje de su obra, marcada ahora por un profundo desconsuelo personal y literario que le llevarà a repetir por boca de uno de sus personajes: “Ver romperse a los pies de uno el ídolo elevado en su corazón, reconocer que ha sido víctima de un espejismo, decirse que se ha construido sobre una mentira, que nada de lo que se ha pensado es verdad y, que se ha sacrificado uno estúpidamente a una quimera, ¡ qué fracaso¡” (1).
Es un pesimismo creciente el que otorga a El eterno Adán su doble caràcter: crepuscular y amargamente reflexivo.
Constituye un cambio sustancial en la obra verniana, de acorde con el sistema capitalista, que acabarà transformando de manera fundamental la orientación científica y, que situarà al investigador como simple herramienta del poder.
Un aspecto importante en el universo literario del último Verne, es una profunda e insospechada pervivencia del pasado en el futuro, es decir, el mismo progreso engendra, por si mismo, una cierta regresión, que hace del tiempo un elemento circular, que se repite en un ciclo eterno.
Es la base argumental de El eterno Adán . La humanidad sometida a un terrible cataclismo por el qué la mayoria de la superficie terrestre es engulllida por el mar, tan sólo sobreviven un puñado de personas a bordo de un barco equipado con los máximos adelantos de la civilización, que logran desembarcar en el último reducto de tierra firme. En contra de lo que pudiera parecer, dentro de la lógica verninana, los supervivientes no dominarán el nuevo continente, sino que poco a poco se irán inclinando ante la adversidad y la barbarie y, su lento renacimiento se verá manchado de los mismos errores, que han lastrado a la Humanidad desde su c una.
Esta és la clave del último razonamiento del zartog Sofr, el reflexivo protagonista de El eterno Adán, cuando imaginaba el drama terrible que se perpetúa en el universo, desde el inicio de todas las cosas.
Un sombrío pesimismo que nos aboca a la destrucción cíclica e inevitable y, sin embargo indispensable para volver a renacer. Por ello son varios los críticos que señalan una influencia de Frederich Nietzsche, sobre el último Verne y sus meditaciones sobre la fragilidad de la civilización, expuesta al drama del eterno retorno.
La obra de Verne es un recorrido desde la fe ilimitada en la ciencia y en las posibilidades que ésta ofrece al género humano , hasta una profunda desazón y desconfianza no ya en la misma ciencia sino en el propio destino de la humanidad.
Quizás porqué esa como todas las utopías, se acaban a base de duras, amargas realidades.
1) El eterno Adán. Jules Verne . Editorial Obelisco Barcelona
2) Los náufrafgos del Jonathan . Jules Verne . Elaleph.com